Viaje no tan lejano

El día del viaje mis padres ingresaron todo dentro del maletero del auto, estábamos listos para irnos, pero ¿a dónde íbamos? Nos estábamos dirigiendo a la provincia de Los Santos, específicamente a Tonosí. ¿Yo?… yo andaba ansiosa y emocionada por ir a celebrar los carnavales de aquel año (2018), ya que no salíamos mucho a esas festividades. 

Tuvimos un largo trayecto, muchas personas en esa fecha también iban a celebrar carnaval o ir al interior del país, pero eso no importaba… ¿o sí? Un viaje de tres o cuatro horas se convirtió en una gran travesía de casi ocho horas, y todo eso debido a la congestión vehicular y las frecuentes paradas que realizamos.

Día uno. Llegamos a Tonosí a las 12:00 media noche, todos muy cansados, mi papá solo quería ir a dormir, ya que él había manejado todo el viaje, mi mamá también, mi hermano menor estaba dormido desde la mitad del viaje y yo me mantuve despierta…pero con cansancio. 

Pero una vez que ya había salido el sol, fuimos a desayunar en una fonda ubicada cerca del  hotel en el que nos estábamos hospedando. La comida era bastante, pero algo distinta a lo que estaba acostumbrada a ingerir en un desayuno, pero a veces hay que variar. Después nos encontramos a otras personas de nuestra familia (primos, primas, tíos y tías), pues bastantes  conocidos (no de sangre) habían viajado a Tonosí por el carnaval, normal, ¿no? Pero había un motivo por el cual estábamos todos reunidos, una prima que me dobla la edad iba a ser coronada reina y yo sería su princesa. ¡Una gran aventura!

Al llegar la noche, mi mamá y yo nos dirigimos a una casa que estaba a unos 15 minutos del hotel, en ese lugar me alistarían para la coronación que sería más tarde. El traje de ese día tenía la temática de corsario. Para mi edad (8 años) era un atuendo demasiado increíble, desde los detalles hasta el color, para mí todo en él era perfecto y digno de apreciar. La coronación fue aburrida, no hay otra manera de decirlo, para una niña de ocho años, aquello era aburrido, me dolía la cabeza y había muchísimo ruido, pero no tardamos mucho y nos dirigimos de vuelta al hotel.

Día dos. Como en toda mañana, uno se levanta con una gran energía generada por la emoción, pues esa mañana nos dirigíamos a un río a pasar una parte del día. La corriente del río era fuerte, pero uno podía seguir en pie, también había rocas, demasiadas rocas y era muy fácil lastimarse los pies con ellas. También había renacuajos y pasamos buen tiempo ahí en familia, solo que nos fuimos tiempo después del ‘accidente’.

Una prima estaba adentrándose al río y de un momento a otro estaba pidiendo ayuda. Resulta que había un gran hoyo en una parte del río y ella se estaba ahogando. Obviamente todos andábamos preocupados por lo sucedido, igualmente lograron ayudarla. ¡Qué alivio!

Así que decidimos empacar y devolvernos. Esta vez en la tarde fuimos a los culecos a divertirnos un poco. Sinceramente, fue más divertido de lo que esperaba. Ya llegada la noche, repetí las actividades del primer día, pero el traje era superior al primero, brillaba demasiado y era morado (mi color favorito en aquel entonces), esta vez estaría en una carroza desfilando. Fue de las noches más divertidas de todas en aquel viaje.

Día de partida. Quería quedarme por más tiempo, pero no pude, aun así la experiencia fue increíble. Me faltaron bastantes lugares por recorrer, al igual que actividades para realizar en Tonosí. Al fin y al cabo todo había sido maravilloso, algo que siempre estará en mi memoria. Y de esa manera, desde el maletero del carro vi cómo todo se volvía manchitas a la distancia,  y poco a poco nos fuimos alejando hasta perder todo de vista.

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