Un viaje sin retorno. La historia de Catherine Johannet

El paraíso se arruinó el día que la muerte cruzó por mi sendero. Era increíble, estaba muy emocionada de estar aquí. Algunos de mis amigos que ya habían visitado estas tierras me hablaron muy bien de Panamá. Por eso yo, Catherine Johannet, decidí subir un avión desde los Estados Unidos hasta este país en forma de “s” acostada.

Planeé visitar algunos sitios. El 28 de enero fui al Archipiélago de San Blas. En isla Ina me encantó el mar azul, aunque en realidad era transparente, pero un efecto en el agua la hacía ver de ese color. El mar se conjugaba con las palmeras que estaban en la arena. Las hojas se movían a causa del viento.

Decidí refrescarme en el agua. Llevaba puestos mis lentes oscuros para protegerme de los rayos del sol. Me tomé una foto mostrando las bellezas naturales a mi alrededor, y la subí a Instagram. “I found paradise and it’s called Isla Ina” (Encontré el paraíso se llama Isla Ina), escribí.

Era 2 de febrero del año 2017. Faltaba poco para volver a mi hogar, en los Estados Unidos. Me encontraba ahora en Isla Colón, en la provincia de Bocas del Toro, hospedada en un hostal reconocido.

A las 10:30 a. m. estaba preparada. Quería seguir explorando. Hoy la aventura era en Bastimentos, una de las islas más bellas de Panamá, donde está la famosa playa Red Frog. Bajé a la recepción e informé sobre mí. Quería experimentar todo sana y salva.

Vi que tenía dos opciones para llegar a la playa. La primera era navegar en una lancha, viaje que me costaría alrededor de siete dólares. Luego, bajar en un sitio llamado Tortuga y caminar por un sendero seguro donde debía pagar cinco dólares para ingresar.

La segunda opción era también subirme a un bote, que me llevaría a Bastimentos, pero luego tendría que adentrarme en un bosque. Este plan era perfecto para mí, una aventurera deseosa de explorar y experimentar, para tener una conexión con aquel ecosistema.

 Mis piernas se movían con total calma, mientras observaba el relajante paisaje. Todo iba muy bien, pero de pronto pude sentir cómo una estructura chocaba contra mi cabeza por detrás. Una piedra enorme me había golpeado. Un hombre asaltó mi sagrado cuerpo y se aprovechó de mí. 

Johannet ya no estaba aquí. Mi sonrisa y emoción se transformaron en algo sin brillo ni vida. Mis esperanzas se habían borrado de la faz de la tierra.

Fui una noticia que conmocionó a los panameños por el viaje sin retorno de esta aventura.

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