Descubriendo Taboga, mi Isla

Cuando pienso en mi infancia no hay un lugar más encantador que la isla de Taboga. Allí nació mi papá y allí conoció a mi mamá. Siempre me llevaron a aquel lugar, que imaginaba como en los cuentos de piratas, con rutas en mapas y tesoros por encontrar. 

El abuelo Luca me contaba que sí existían. A sus ochenta años sale todas las mañanas al monte, a cosechar ají, plátano y piña, así que se conoce Taboga como la palma de su mano y no para de narrar cuentos y vivencias sobre este territorio, como si hubieran ocurrido ayer. Cada cosa que dice me transporta y me hace querer más este lugar. Sin duda, es mi isla. 

Una de las cosas que más me atrapa de Taboga es su mar. Apenas tuve edad, me fui a bucear, a descubrir la vida allá abajo que tantas fantasías me generaba. Inicié por la orilla, me fui adentrando para ver los corales y peces de varios colores. También había caracoles y un sinfín de cosas que no podía distinguir, pero que sin duda eran hermosas. Era un sueño hecho realidad. 

Allí, bajo el agua, me di cuenta de que nací para estar en la isla. Su naturaleza, su gente y sus costumbres eran mi identidad. No había un día que no pensara en regresar pronto para ver a mis amigos, saludar a la comunidad y explorar cada rincón de ella, es algo que me llena de alegría.

Cada vacación escolar significa el momento indicado para volver, el verano es una puerta a la felicidad que me provoca mi tierra. Porque eso es Taboga para mí.

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