Viajar lo es todo

Para mí los viajes son como un escape de la realidad, un pasaje a lo fantástico…

Provengo de la provincia de Los Santos y suelo viajar hacia allá cuatro veces por año: para los carnavales, Semana Santa, Año Nuevo y festividades de mi pueblo.

En el mes de abril, durante la Semana Santa, fui a pasar algunos días con mis abuelos que residen allá, en su casa de playa.

Aquel día cuando iba en camino, a eso de las 3:30 p.m.,  me asombré mucho cuando miré  por la ventana y pude observar un río muy contaminado con basura, bolsas plásticas, colchones…

En el momento reflexiono para mí misma: ¿Qué le pasará al ser humano para ser capaz de tirar basura en un lugar tan valioso?  Observo a mi mamá y hablamos sobre el tema durante el camino. 

Luego hicimos una parada a comprar algo para aguantar un poco el hambre; y después de 4 horas y 10 minutos logramos llegar a nuestro destino.

Recuerdo lo emocionada que me sentí al ver a mis abuelos, tíos y primos, quienes nos estaban esperando y nos recibieron con abrazos abiertos, miré hacia la playa y quedé fascinada con la escena: el mar estaba en calma y la brisa me traía el hermoso sonido de las olas al romper sobre la arena. Pasaron un par de minutos y mi abuela me preguntó si deseaba comer, le dije que sí y me dio un plato con arroz, carne frita y lentejas, eso ocurrió a las 8:10 p.m.

Pasaron los minutos y las horas y me comenzó a dar un gran sueño, así que me dormí.

Me desperté a eso de las 7:30 a.m., mi abuela me dio un rico desayuno, reposé un momento, bajé a la playa para bañarme en una pequeña piscina en la que el agua no pasaba de mis rodillas. Disfruté ahí un rato y luego fui al mar, el agua me llegaba hasta el pecho. Tenía un gran temor de que algún animal (aguamala, mantarraya) me picara.

A la mañana siguiente, fue entretenido volver a realizar las actividades del día anterior.

El último día bajé muy feliz a la playa con mis 15 primos, nos metimos a lo profundo del mar y el agua nos llegaba hasta la barbilla. De pronto, entre tanta diversión, sentí que algo me comenzaba a arder horrible en la pierna derecha. Les grité a todos mis primos que iba a salir, y lo hice rápidamente. Ya en la arena observo muy preocupada que mi pierna estaba súper roja. Me acerqué a mis padres y le muestro.  Mi mamá me revisa y dice que lo más seguro es que me picó un aguamala, me ponen hielo y se me calma el dolor, me quedé reposando y dormida hasta el día siguiente.

El día de partida visité otra playa y volví a quedar impactada. ¡Wao, qué horror, estaba muy sucia! En realidad espero que aprendamos a valorar estos lugares en los que muchas familias se reúnen para tener bellos recuerdos y vivir momentos agradables.

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