El Eid, algo más que tradición

Aquel martes 4 de junio del 2019 mis hermanos y yo nos despertamos a las 6:00 a. m. para tener tiempo suficiente de alistarnos y salir, pues somos una familia grande. Entré al baño para ducharme por unos quince minutos y cuando terminé de arreglarme ayudé a mi mamá a preparar los regalos para mis primos más pequeños.

Cada año los musulmanes celebramos el Eid al-Adha, es como Navidad, pero celebrada a nuestra manera. Ese día, en la noche, vestimos muy elegante y pasamos tiempo con la familia; antes, en la mañana, vamos al Club Árabe situado en la provincia de Colón, para rezar y desayunar nuestra comida tradicional hecha por la mayoría de las mujeres.

Salimos de casa a las 7:00 a. m. Como teníamos prisa no alcanzamos a tomarnos la clásica foto familiar. Tanto mis padres, Ajwad y Nisrine; mi hermano mayor, Nabil; mis hermanos menores, Mohammad y Lia; y por supuesto yo, Dana, estábamos un poco soñolientos, ya que levantarnos temprano no es algo que nos guste hacer.

Llegar al Club Árabe solo tomó cinco minutos, ya que vivíamos cerca. Al entrar sostuve la mano de mi papá, había muchas personas en la entrada y se saludaban entre sí; todos se conocían, ya que en la cultura árabe siempre hemos sido unidos. Tras los saludos, subimos al segundo piso, había tanta gente que estaba segura de que, si soltaba la mano de mi padre, me perdería y no me encontrarían jamás; según mis cálculos había aproximadamente entre trescientas y cuatrocientas personas.

Mi papá y mis hermanos fueron a rezar con el resto de los hombres quienes formaron una especie de círculo entre ellos. Las mujeres estaban detrás. Me senté al lado de mi madre, fue entonces cuando el Shaikh, quien es la persona que guía el rezo, indicó que ya íbamos a empezar. Cuando terminamos, mis primas y yo corrimos a las mesas repletas de comida, nos servirnos y después comimos.

Algunas personas se fueron luego de desayunar para hacer las visitas familiares. Nosotros, como de costumbre, vamos primero a la casa de mi abuela paterna, quien siempre nos recibe con besos, abrazos y una bandeja repleta de chocolates.  Recuerdo que de niños mi madre decía que solo podíamos agarrar dos, porque después en la noche nos daba un ataque de hiperactividad y no dejábamos dormir a nadie, ni a los vecinos; pero entre mis hermanos y primos contrabandeábamos gomitas, chocolates y otras golosinas.

Después de ir a donde mi abuela, visitamos al resto de la familia: a los hermanos de mi papá, que en total son seis; a sus tíos, que son doce; a sus primos, que perdí la cuenta de cuántos son; y a sus abuelos. Somos una familia grande de parte de mi papá, y mi familia materna vive lejos, en Líbano, pero todos los años en las vacaciones viajamos a visitarlos.

El Eid es uno de los eventos que más amo de mi cultura, porque veo a todos mis seres queridos, compartimos, reímos y, lo más importante de todo, es que me dan demasiados regalos. ¡Ja, ja, ja! Mentira. Aunque eso también importa, lo más valioso es que paso tiempo con las personas que más quiero, que me cuidan y con las que siempre estaré agradecida por todo el amor que me han dado. 

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