Mi lugar de ensueño fuera de la ciudad

Soy una venezolana que vive desde los tres años en el Istmo. Tengo más de una década aquí, parece mucho e incluso algunas personas me consideran panameña. En todo este tiempo no he visitado tantos lugares como se creería, es más, ¡pudiera contarlos con los dedos de una mano! Sin embargo, tengo un sitio al que disfruto ir, que se ha convertido en uno de mis lugares “seguros”, es El Valle de Antón.

Mi primer viaje a este lugar fue en 2012. Desde allí lo considero uno de mis favoritos. No sé si es su clima fresco, la tranquilidad que transmite o el millón de colores que hay alrededor, o que me recuerda a mi ciudad natal. Lo cierto es que resulta un sitio muy placentero para visitar.

A pesar de ser popular, es por sus ríos y paisajes que recomiendo visitarlo. Además, aunque es concurrido en vacaciones o fines de semana, nunca hay una multitud escandalosa; de hecho, es muy tranquilo y por sus pequeñas calles transitan personas en bicicletas. Amo sentarme en algún lugar para ver pasar a la gente mientras la suave brisa acaricia mi rostro, es una sensación que esfuma cualquier preocupación.

Panamá es un país hermoso para visitar y El Valle de Antón tiene muchos atractivos. Hay restaurantes en cada esquina que ofrecen platillos típicos u otros sencillos como nachos o pizzas, para disfrutar durante una noche tranquila. También existen numerosas opciones de alojamiento, algunas pintorescas y otras muy cómodas.

De igual forma, es posible encontrar senderos para emprender nuevas aventuras, como el camino hacia la India Dormida, una montaña en forma de mujer acostada, que da origen a una popular leyenda; o la Piedra Pintada, una roca enorme donde hay petroglifos, algunos dicen que son mapas, otros indican que símbolos religiosos y otros un calendario para la cosecha en épocas pasadas de nuestra historia.

El Valle posee sitios escondidos y peculiares con años de historia.  Es un escape perfecto y la excusa para conectar con la naturaleza y detenerse a admirar el verde de sus paisajes o los colores vibrantes de las flores, que fácilmente pueden inspirar una pintura con sus destellos violetas, rojizos, naranjas y amarillos. Ni hablar de la fuerza arrolladora de sus ríos, como el chorro Los Enamorados, nombre que desde chica me causaba curiosidad y siempre mantuve la imagen de unos jóvenes enamorados junto a este paisaje. Esta idea creada por mi imaginación es una muestra de cómo nació mi pasión por romantizar un sitio específico para hacerlo más mío.

El Valle de Antón es un rincón de ensueño que vale la pena visitar. Tal vez podría convertirse en uno de tus lugares seguros y acogedores y lo puedas considerar tuyo, así tendremos en común el gran cariño por este sitio tan fascinantemente especial.

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