El Titanic panameño

Buscando un tema para mi crónica encontré un acontecimiento particular que capturó mi atención. Ese fue el naufragio del Vapor Taboga, pues al leer sobre aquel suceso, fui transportada al libro de la historia panameña en un capítulo bastante olvidado.

No fue mucho lo que encontré, pero descubrí que todo empezó un 23 de mayo de 1911. Habían pasado ocho años desde que Panamá era independiente. Eran tiempos difíciles, de extrema pobreza y las vías de comunicación terrestre no estaban listas, lo que hacía que la vía marítima fuese la más eficiente entre las demás.

En todo esto estaba la respetada Compañía de Navegación Nacional que había ganado tal fama por sus excelentes “medidas de seguridad”.  Entre sus majestuosos barcos estaba el vapor Taboga, pero ¿qué fue lo que pasó?

Mi curiosidad me llevó a seguir leyendo. El barco tenía como destino final la ciudad de Panamá, era de mañana y todo un día estaba por delante. Partió de Soná, en la provincia de Veraguas. En él iban 140 personas, animales y mercancía.

Al caer la noche, el barco chocó con unas enormes rocas provocando un impacto muy severo, el buque se partió e hizo un semicírculo hasta su desafortunado fin.

Se dijo que quien tuvo la mayor culpa fue el capitán de la nave, de apellido Campbell, debido a que había sido advertido del riesgo de las rocas, pero no hizo caso, subestimando la situación y siguió hacia Punta Mala, en la provincia de Los Santos.

Decidí seguir mi viaje a través de la lectura y me di cuenta de que este solo era el principio, pues resulta que el barco solo tenía cuatro botes salvavidas y no muchos pudieron salir fácilmente. La desesperación de los tripulantes creció rápidamente y los que cayeron al agua se aferraron a todo lo que veían en un intento de salvación, aunque esto no acabó con los gritos de ayuda entre las olas y la densa oscuridad.

Algunos llegaron a playas, mientras que otros fueron rescatados; muchos tuvieron que estar horas y horas en el agua con esperanza de un posible rescate.

Fue una noticia que se esparció como plaga y la preocupación fue de esperarse, pues claro, yo también me preocuparía al escuchar una tragedia como esa. La información se conoció mediante un telegrama que envió una persona que había encontrado sobrevivientes en Punta Guánico y Búcaro. Dada la grave situación, se envió al cañonero Yorktown y al vapor David para ofrecer servicio a los náufragos necesitados, lo cual me llenó de esperanza después de leer todo lo anterior.

Afortunadamente, llegaron algunos sobrevivientes en el vapor David, quienes dieron sus testimonios. Al parecer, el capitán Campbell sobrevivió y también contó su versión de lo sucedido… Hay que admitir que no hay que darle todo el peso de la culpa, ya que desde luego no fue su intención.

Fueron entre 25 y 30 personas las fallecidas y el 26 de junio se organizó un funeral para ellos en la Catedral Metropolitana. Fue un día lamentable para muchos panameños.

Este evento me sorprendió, me hizo considerar los peligros del mar y también dejó cierta familiaridad en mi mente: el hundimiento del Titanic, suceso que ocurrió casi un año después.

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