Una aventura en la Feria

Juan Sebastián García Garzón

Instituto Episcopal San Cristóbal

Muchas veces estamos tan acostumbrados a lo rutinario que perdemos el rumbo y no disfrutamos de la vida concentrados en trabajar o estudiar. Eso pensó Juancho hasta que pisó la Feria de Veraguas. En ese sentido, cansado de lo mismo, me comentó que le surgió la oportunidad de visitar a la familia de su novia, Mariana, en Santiago de Veraguas. Cuando llegó el día de viajar, estaba tan emocionado que no pudo dormir bien. Y es que Juancho es un chico cien por ciento citadino porque toda su familia es de la capital.

Después de casi tres horas y medias llegaron a Santiago. Él estaba nervioso ya que nunca pensó en viajar tan lejos y mucho menos conocer a los padres de su novia.

Se enteró de que se estaba llevando a cabo la Feria Industrial, Agropecuaria, Turística y Artesanal de Veraguas y que la sede era el pueblo de Soná, un pueblo a una hora de Santiago. Realmente estaba emocionado por disfrutar esa experiencia tan diferente a la monotonía de la ciudad, pero él no imaginaba qué tan divertida sería.

Entraron a la Feria y lo primero que hizo fue visitar los quioscos. Los había con ventas de plantas, dulces, trajes típicos, y música por todos lados. En fin, una explosión de folclore y alegría. Le llamaron la atención las artesanías con motivos indígenas y sus acabados deslumbrantes. Le sorprendía el detalle de los diseños que evocaban la belleza de la flora y fauna panameña. Algunos representaban diferentes especies de animales endémicas de Panamá, como la rana dorada que se encuentra en el Valle de Antón y en el Parque Nacional de Campana.

Otros locales eran de comida, donde el ambiente se llenaba de olores que abrían el apetito. Se decidió por un puesto de comida donde el menú era arroz con guandú y coco, plátano maduro y pollo guisado. Le gustó tanto que lamentó ya no tener espacio como para repetir otro plato. Pero no dejó pasar la oportunidad de beber un refresco de frutas naturales.

Después, decide entrar a una exhibición de ganado. No estaba acostumbrado a tener estos animales tan cerca de modo que estaba fascinado. En eso, unas personas pasan y lo empujan accidentalmente, se apoya sobre las ancas de una vaca y esta le suelta una masa verdosa y húmeda en los calzados. En definitiva, esto no era parte del recorrido: ¡popó fresco en los zapatos!  La pena lo invadió y en ese momento quería localizar a Mariana. Pero la vio que se acercaba con una linda joven que llevaba una corona y decidió escapar.

Mientras buscaba con qué limpiarse encontraba puestos con artesanías impresionantes donde gente del campo exponía su arte; pero ninguno con algún trapo desechable. Ya hasta tenía la sensación de que la gente se apartaba de él por el terrible olor. Por fin resolvió el asunto, pero no era fácil caminar con las medias mojadas.

Días después, en la ciudad, pensaba en que se daría la oportunidad de seguir conociendo lugares de Panamá y disfrutar de las bellezas del país.  Por supuesto, tenía la certeza de que siempre habría una anécdota curiosa que recordar, como la popó en los zapatos justo cuando vas a conocer a una reina.

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