Sobreviviendo a la caída

SOBREVIVIENDO A LA CAÍDA
por: María Paulina Londoño Patiño

En la vida, todos pasamos momentos dolorosos, que siempre se presentan de diferentes formas para cada quien, lo importante es no ceder ante el dolor.

Para mí, fueron mis múltiples perdidas, aunque siempre he intentado que eso no afecte a mis seres queridos e incluso deseo tener un trabajo fijo.

Mi vida inicia en el año 1931 el 11 de enero. Vivía con mis padres y mis cinco hermanos en una casa de Manizales en Colombia. Éramos una familia muy humilde, a mis hermanos mayores les tocaba ir a ayudar a mi padre en su trabajo para poder traer comida.  Ni mis hermanos ni yo pudimos realizar estudios. Así, fue gran parte de mi vida.

Poco después del año nuevo, mi padre Juan Bautista murió. Eso complicó todo en mi casa y nuestra ya antes mala situación económica decayó aún más. Pasó un tiempo hasta que conocí a un hombre humilde, pero trabajador y, al poco tiempo de conocernos decidimos casarnos y tener nuestro propio hogar.

Después, de dos años de la boda, Luis, mi marido y yo nos llevamos la sorpresa de que venía en camino nuestro primer hijo. Fue un momento de alegría al recibir la noticia, pero después la realidad nos golpeó como si nos cayera un balde de agua fría, Esto fue el darnos cuenta de no teníamos los recursos para darle la vida llena de comodidades como deseábamos.

Se llegó el momento de su nacimiento y, así, sin darnos cuenta y, sin importar todas las necesidades en un abrir y cerrar de ojos ya tendríamos catorce hijos. Diez niños y cuatro niñas.

Éramos una familia muy humilde, lo que causó muy mala salud en mis hijos e incluso unos sufrían de desnutrición. Solo recordarlo me parte el alma y me vuelve añicos el corazón.

Al poco tiempo, una de mis hijas menores ya no despertó, esa imagen ante nuestros ojos nos destrozó. Solo siete años y perdió su vida. En ese momento, sentí que mi mundo se cayó en pedazos. Estaba desesperada, porque fui perdiéndolos poco a poco. Solo me quedaron cuatro y luché, para que ellos no sufrieran junto a mí, pero    una luz me iluminó y  me dije a mi misma , no puedo permitirlo, que ellos me  vean así,  no   puedo permitirlo.   Aunque me esté cayendo, destrozándome, muriéndome de angustia no puedo arrastrarlos   con mi dolor ” NO LO VOY A PERMITIR “, tengo que ser fuerte.

Para ellos fui muy buena madre y en realidad nunca me culparon por lo sucedido, Ya en edad adulta, guardan bellos recuerdos de su niñez y no me reprochan nada. Ahora que los veo ya realizados profesionalmente, me parece un sueño. las lágrimas que corren por mis mejillas no son de tristeza sino de felicidad y gratitud.  Por fin vi los frutos de sobrevivir a la caída del dolor, pero en realidad todo lo que pude hacer por mis hijos es un sueño hecho realidad.

Doy gracias a Dios por darme la fortaleza de continuar porque no permitió que me desmayara. Las enseñanzas que les dejé a mis hijos fueron los valores de humildad, hermandad, amor, tolerancia y vivir en familia, a pesar de las limitaciones.

Carlina Ramírez López
1931-2005

¡Comparte esta Crónica en las Redes!

Comentarios