Una vida con coraje y valentía

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En este mundo existe una mujer, a quien llamaremos Kristina, muy diligente, responsable y disciplinada. Ella labora catorce horas diarias y me inspira porque lo hace, aunque esté cansada.

Kristina nació en Suzhou, Jiangsu, China y vivía junto a su abuela y su padre. Tuvo que soportar momentos muy difíciles hasta que su tío decidió que viajara a Panamá para vivir con él y su familia, pero la joven se encontró con situaciones que no le permitían disfrutar de las bondades de nuestro país.

Comenzó su nueva vida con deudas y se vio en la necesidad de trabajar para poder pagarlas, teniendo apenas catorce años. Su primer empleo estaba ubicado en un área muy peligrosa, según me cuenta. Allí se dedicaban a distintos servicios como ferretería y farmacias, era como una especie de minisúper. En este lugar Kristina trabajaba por lo menos dieciséis horas diarias. No puedo imaginar lo difícil que fue para ella estar de pie todo un día realizando oficios para poder ganar algo de dinero y saldar el compromiso que había adquirido con sus familiares, pues debía cancelar el costo del viaje al Istmo.

Aunque Kristina estaba ocupada la mayor parte del tiempo, tuvo momentos divertidos con sus primas. Al ser nueva y desconocer el idioma, no sabía comunicarse con los locales. Una de las primas, que es mayor que ella por dos años y dominaba bien el español, fue su guía en el trabajo.

Kristina continuó esforzándose arduamente, aunque su tía, una mujer estricta y malvada, la regañaba todo el tiempo sin parar, aduciendo que no hacía las cosas correctamente.

Pasados los años, Kristina, esa mujer que me inspira, conoció a un chico llamado «Juan», el muchacho era joven, simpático y encantador. Empezaron a salir a cines, restaurantes… ella disfrutaba de su compañía, pero ¡uy!, había un pequeño problema: Juan tenía novia y Kristina no lo sabía. Eso fue devastador porque se había ilusionado, así que al momento de enterarse tomó una decisión triste, sabía que la relación debía terminar y solo podrían ser amigos.

Pero la joven no cerró su corazón y con el tiempo conoció a quien actualmente define como el amor de su vida, “Mauricio”, con él sintió nuevamente mariposas en el estómago y para ella esto era maravilloso, así que después Kristina y Mauricio decidieron casarse. De esta relación surgieron tres hermosas flores, sus hijas, de las cuales está orgullosa.

Al conocer la historia de su mamá, de lo difícil que es estar en un país extranjero, emocionalmente sola, y tener que trabajar para poder salir adelante siendo tan joven, su hija mayor decidió seguir ayudándola en el trabajo para que Kristina tenga una calidad de vida mejor, lejos de tanto estrés.

Kristina es mi madre y sé que dentro de su corazón nos ama a las tres y agradece el apoyo que le podamos brindar. Ella hace todo lo posible por vernos felices y da gracias a papá Dios por tener tres hijas solidarias y responsables; solo pide que le siga bendiciendo para poder divertirse junto a ellas.

La historia de Kristina es real, su vida no fue fácil y para nosotros, dentro de nuestra cultura, es difícil contarla, es por ello que se cambiaron los nombres de los personajes para evitar conflictos.

Muchos piensan que nosotros los de ascendencia asiática tenemos mucho dinero, pero nuestra vida no es sencilla, y más cuando no se es originario de aquí. Yo tuve el privilegio de nacer en Panamá, un país hermoso y que brinda oportunidades.

Kristina me inspira porque es una mujer excepcional, con muchos valores y coraje, el cual ha aplicado en la vida de su familia; es trabajadora, comprometida y constante. Me motiva a querer seguir adelante con mis sueños y ser como ella: fuerte y valiente para la vida.