Promesas vacías: Ciudad de esperanzas deterioradas

Un repentino estruendo interrumpe la serenidad percibida en las Esclusas de Gatún y es que, con refulgencia ha de verse un buque colosal navegando con gran fervor, dejando a su paso, olas marcadas dentro del largo río de la historia en este lugar especial.

Pasos apresurados de la multitud que sube y baja del ferrocarril, acompañados por los exquisitos aromas de las comidas criollas que se perciben en las cálidas mañanas de la ciudad caribeña. Colón, llena de virtudes y abundantes riquezas que son codiciadas y anheladas por muchas almas.

Más bien, déjame contarte un poco sobre el gran surgimiento, pero al mismo tiempo, el triste final que nos brinda esta bella metrópolis:

Un 21 de noviembre de 1739, Portobelo, el orgulloso asentamiento de los españoles, fue saqueado descaradamente por piratas dirigidos por el capitán británico Edward Vernon. Sin ningún tipo de resistencia, Portobelo fue golpeado duramente por el asalto, perdiendo su riqueza, su gente y su importancia en el istmo. Evidentemente, el pueblo colonense era indefenso ante los ataques, por lo que, los comerciantes ya fatigados de las agresiones y los constantes altercados, anhelaban como si fuese de vida o muerte buscar otro lugar más estable y seguro. 

Más de 100 años después, específicamente en el año 1849, ocurrió otro incidente que impulsó la idealización de una nueva ciudad en Colón. El descubrimiento de oro en California, conocido también como “La fiebre del oro”, fue un hecho tan impactante que causó que miles de obreros, mineros e inmigrantes provenientes de la zona atlántica de los Estados Unidos, llegasen a dicho lugar para hallar oro. Las multitudes tenían tres principales rutas en mente para llegar al destino tan deseado. Obviamente, optaron por la más factible: cruzar por Panamá. 

La gran cantidad de personas que estaba llegando a Panamá como ruta para transitar hacia y desde los Estados Unidos, cautivó la atención de los norteamericanos quienes idealizaron la construcción de un ferrocarril.   Pero, ¿dónde se haría esta magna construcción?  La respuesta era sencilla: en Colón. Ya sea, por su posición geográfica o por la desembocadura del río Chagres, Colón se ganó los corazones de los estadounidenses y las esperanzas de una nueva ciudad finalmente fueron consolidadas. 

Siglos más tarde, con la ayuda del ferrocarril y nuevas construcciones culminadas como la Zona Libre de Colón y el Canal de Panamá, se impulsó rápidamente la economía del país, siendo Colón una de las ciudades más ricas, pero al mismo tiempo, una de las más corrompidas del istmo panameño. 

Promesas vacías y sin cumplir, deseos y esperanzas fallidas; alimentos y combustible que suben de precio, pero nunca la calidad de vida. Calles deterioradas, edificios quemados, abandonados y jamás reparados. Esta es la triste realidad que vive actualmente la tan querida ciudad de Colón. 

“¡Este es un país libre, así que tenemos el derecho a manifestarnos!”, “¡Estamos tratando, por el amor de Dios, que el Gobierno venga a negociar!”, dijo Jairo “Bolota” Salazar, diputado colonense, durante una de las protestas recientes. Y esto me puso a reflexionar profundamente: “Mira pues, mundo, que solo Dios puede ser justo y prometedor”.

Colón, una ciudad que empezó poco a poco a resplandecer grandemente y protagonizó hechos que muchos no podían creer, pero debido a las manos equivocadas, está sólo por acabar en desastre y en esperanzas deterioradas…

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