La voz de la nueva generación.

A lo largo de la historia he estado silenciada, latente, humillada… Desde siempre lo he pensado: un color no nos hace tan diferentes. Algunas voces lo gritan, otras apenas susurran: sororidad, equidad, igualdad, solidaridad… En la década de los noventas, la joven voz de Shirley Campbell empezó a levantarse, nacida allá por 1965, su voz que no sería acallada, algunos la temerían, otros la admirarán.

Llegué yo, Shirley Campbell, una inspiración voz con color y género; sin pretender reconocimiento, pero con mucho que decir.

Desde pequeña solía ser conocida como una niña curiosa por hablar de temas controversiales, por conversar de lo que los demás no dialogaban y, sobre todo, por defender a mi gente, mi pueblo. Mi sangre proviene de diversos lugares. Yo creo en solo una raza, la raza humana. Yo soy y seré la voz de mis antepasadas, las cuales estuvieron atadas de manos y pies, siendo así prisioneras del silencio.

Con mi llegada se rompieron grandes cadenas. Somos libres y no esclavas de la opresión. Para algunas seré una inspiración, para otras su heroína.  De lo que deben estar seguras es que soy su futuro, les adelanté camino; el cual no ha sido sencillo y es una lucha cotidiana.

Tengan presente a lo largo de sus vidas lo que dejé en mi escrito: “Y me niego rotundamente a negar mi voz, mi sangre y mi piel”. Yo no me avergüenzo, no deben hacerlo ustedes tampoco. Cada una de nosotras venimos de distintas culturas, con rasgos característicos. Soy mujer; una con cabello rizado y sin miedo de alzar mi voz por todas las demás.

No debemos señalarnos, mucho menos criticarnos. Somos mujeres con poder, inteligencia y sobre todo capacidad. Mi poesía no es una simple letra, es más que un mensaje, es un movimiento en el cual procuro incorporar a cada una de ustedes, hermanas. Aunque algunos se encuentren en varios idiomas, mi mensaje sigue siendo claro para todas las personas que se encuentren dispuestas a escuchar, analizar y sobre todo poner en práctica la moraleja.

Por lo tanto, alcemos nuestras voces, juntas somos más fuertes, somos imparables. No tengan miedo de confrontar esta difícil sociedad, merecemos reconocimiento y sobre todo respeto, respeto hacia nuestras culturas, creencias, formas de vestir, gustos, pasatiempos, y demás.

Somos gemas tan únicas, valiosas y sobre todo hermosas. Tenemos derecho a vivir sin miedo en nuestro mundo. Yo estoy aquí por todas ustedes, mi razón de ser es poder compartirles a cada una de ustedes mi pensamiento y así lograr inspirarlas, sin importar en qué parte del mundo se encuentren.

Para mí nada ha sido un impedimento. Siempre he anhelado el ser reconocida por mi escritura y mi activismo. No temo a que sepan quién soy. Es importante que como sociedad podamos reescribir nuestra historia para poder convivir todas juntas, además de poder identificarnos y sentirnos representadas a través del tiempo. Tenemos la necesidad de ser escuchadas, ya callamos lo suficiente, la gran diferencia es que ya nada nos detiene. Cada vez somos más las mujeres que en lugar de distanciarse, se acercan para un objetivo común: la igualdad. En conjunto somos guerreras y luchadoras, más allá de eso mujeres. Camina mujer que el camino sigue.

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