Audrey Hepburn: El diamante de la bondad

Y ahí estaba yo; a los 6 años viendo “Desayuno con diamantes” quedándome admirada por la actriz principal de la película, una mujer que parecía ser tan elegante y hermosa. El deseo de verme como ella fue inevitable, el deseo no sobrepasaba del aspecto físico ya que no conocía nada sobre la vida de esa mujer que parecía perfecta. Un sentimiento algo simple, pero logro entenderlo por la edad que yo poseía en ese entonces. Lo triste es que al buscar algo sobre Audrey lo que destacan es su belleza innegable pero lo importante lo que en realidad hizo una marca en muchas personas incluyéndome a mi es lo tan maravillosa persona que fue.
Con la emoción a tope y el encanto que siento destacaré esos detalles sobre ella. Sobre Audrey Hepburn.
Audrey Hepburn nació en Bruselas, Bélgica, el 4 de mayo de 1939 y murió; así es murió; según la periodista Victoria Ramírez, tres semanas después de nacer. El corazón se le detuvo a causa de una tos ferina, pero su madre logró revivirla. Lo que pudo ser una vida breve se convirtió en una existencia inmensa y admirable.
La vida de una que sobrevivió a una guerra, la vida de una actriz espectacular, ahora convertida en un mito de la pantalla grande y la de una defensora inalcanzable de los derechos infantiles.
La primera infancia de Audrey transcurrió entre los jardines, las flores y las mascotas que tanto le gustaban. Era una frágil y retraída que odiaba jugar con muñecas y se sentía más cómoda entre los cuentos de Kipling.
Según cuenta Robyn Karney en la biografía que realizó podemos saber que la vida de Audrey fue como la de todos los seres vivos, muy lejos de ser color de rosa. De fondo de su día a día estaban las discusiones de sus padres que derivaron en la decisión de enviar a Audrey a un internado inglés a los cinco años. No hay que dudar ni un momento que esa “experiencia” fue horrible para al final convertirse en “una buena lección de independencia”.
En el intercambio recibió una estricta educación, pero paradójicamente, también descubrió la libertad en el ballet e hizo de la bailarina rusa Anna Pavlova su mayor referente de ambición; he de agregar que saber esto me hizo sentir más cercana a Audrey ya que de pequeña tomaba clases de ballet y clase con clase deseaba alcanzar la perfección al ver lo maravilloso que se veía esta hermosa danza, y Audrey sentía lo mismo.
Desde ese entonces Audrey soñaba con bailar, pero estalló la Segunda Guerra Mundial. Su padre, afiliado al fascismo, abandonó definitivamente a su familia. Audrey tenía tan solo 10 años, su madre decidió trasladarse con Audrey y sus dos hermanastros a Holanda un lugar aparentemente seguro que se convirtió en un campo de batalla. Durante la ocupación nazi Audrey ocultó sus orígenes británicos. Y aprendió holandés para no llamar la atención, ella vio morir a parientes y vecinos, tuvieron que alimentarse de bulbos de tulipanes también observó partir trenes judíos a campos de concentración.
“En mi adolescencia conocí la fría garra del terror humano” dijo alguna vez. Estas escenas más la debilidad física crónica producto del hambre, hicieron que años después, rechazará el papel de Ana Frank, cuyo diario leyó afectándola profundamente.
Mientras la II Guerra Mundial seguía Audrey donó parte del dinero que ganaba como bailarina a la resistencia holandesa. La desnutrición se apoderó de todo su cuerpo y no tuvo fortaleza suficiente para bailar profesionalmente. Igual buscó papeles en el West End londinense, pero la buena fortuna llegó a su vida cuando intercambió mirada con la escritora francesa Colette en Montecarlo, quien quedó fascinada con esas vibras des frescura y melancolía que Audrey dejaba a su paso. Aceptó ser la Gigi de Colette en Broadway. 217 funciones después ya era una estrella en cines. Audrey se convirtió en una actriz que llegaría para revolucionar el concepto de belleza, hasta ese entonces asociado al rubio platinado y la voluptuosidad.
Audrey ganó el Oscar a mejor actriz con su primer papel en el cine, Tenía 23 años.
Aunque impuso un ideal de belleza distinto y creó, junto a Givenchy, un nuevo estilo en la moda, ella nunca comprendió ni se jactó de su atractivo. Los papeles le llegaban por montones, pero solo rodo 27 películas a lo largo de su carrera-
En un momento de su carrera, y después de alguna crisis nerviosa, decidió parar. Quería una vida familiar junto a sus dos hijos y su tercer esposo.
En la última etapa de su vida dedicó íntegramente a su trabajo como embajadora de UNICEF, a sus viajes a lugares remotos y a recaudar fondos para niños y niñas vulnerables. Falleció de cáncer de colon en su casa de Tolochenaz, En Suiza, a los 63 años.
“Dios estará contento de tener un ángel como Audrey con él” exclamó Elizabeth Taylor una de las tantas personas a los que Audrey con su bondad y amor marcó.
Audrey dejó una marca indeleble en la historia de la cinematografía y en los corazones de muchos niños. Con esa verdad, inteligencia y belleza involuntaria. Conquistó al mundo entero.

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