“Yo recuerdo cada detalle de mi vida, porque la considero como una vida bendecida.” – Olga Sinclair

“Recuerdo mi infancia como una etapa bella, linda y satisfactoria en mi vida.”, me manifestó la artista aquella vez, ambas sentadas en la terraza de una cafetería mientras ella me contaba cómo sus inicios y desafíos, desde el día que llegó al mundo, daban sólo el comienzo de un futuro brillante que la aguardaba. Siempre preservada por su familia que ella siempre enfatizaba como un linaje de individuos de misma sangre que constantemente buscan lograr su cometido y son muy comprometidos cuando se lo proponen.

Su afinación e inclinación por la pintura y el arte venía surgiendo en ella cuando tenía 2 o 3 años de edad. Lo que ella dijo esa tarde fue que su principal inspiración era y será eternamente su padre. Recordaba esas tardes donde simplemente se sentaba en el estudio de su padre y contemplaba con admiración el inmaculado trabajo que realizaba su padre, haciendo que me enviara a ese recuerdo memorable y pudiera sentir esa tranquilidad, esa  dedicación que percibía Olga Sinclair a su temprana edad cuando observaba cada pincelada que su figura paterna ejecutaba en el lienzo.

Las memorias, la enseñanza y al mismo tiempo el espíritu artístico que adquirió gracias a su padre, así como el ejemplo que inculpaba su madre fueron y son sin duda factores que Sinclair jamás podría olvidar o dejar pasar por desapercibido. Me relataba que a través de ellos, pudo ser la artista, la mujer y la madre que es hoy en día, le dieron el apoyo y el aliento para poder perseguir sus sueños, han podido estar con ella en una gran parte de su vida y eso ella lo veía como un regalo que con un solo gracias no podría expresar el profundo agradecimiento que les tenía a ambos. Además que me contaba que hubo una frase que su padre le había declarado en su día, y que la motivó más a ser una persona dedicada al arte. Esa había sido: “Si uno de mis hijos se atreve a ser un artista y vivir de eso, tiene que tener pantalones.”

Las lluvias de ideas pueden expresarse de maneras tan distintas y de formas inesperadas, pero la experiencia que tuvo una vez la artista fue sin duda alguna un recuerdo que al principio lo tomas como una anécdota divertida más de su vida, sin embargo yace en el una de las mayores iluminaciones que logró ella hacer durante su carrera como una persona ligada al arte. 

Ella narraba que una tarde, viniendo de comprar algunos alimentos, compró unas peras y las acomodó en su respectivo lugar de la casa, al lado de una ventana donde el sol la traspasaba como si nada. La mujer lo contempló por algunos segundos y un sentimiento surgió en ella como si un rayo hubiera impactado encima suyo, donde descendieron de igual manera las artes que en su momento utilizó durante sus días más energéticos. En un solo instante ya se hallaba trazando nuevos cuadros mientras empleaba todo su conocimiento adquirido en un pasado, tomando además de eso la forma de la pera como la figura del impotente cuerpo femenino que siempre se le venía a la mente al mirarla. “Dejé todo el trabajo que tenía hecho y comencé a pintar peras hasta un punto donde no podía parar”, confesó la artista Sinclair como un último comentario sobre ese día de tono verde amarillento, dejándola con un pequeño trauma de por medio. 

“Todo un inicio esplendoroso tiene un final apesadumbrado”, era mi pensamiento al escuchar el significado detrás de la obra “La Tormenta”. La vida tiene sus subidas, así también como sus bajadas, y Olga Sinclair lo tiene bastante presente a través de su larga vida.  Ella es como cualquier otro ser humano, tiene sus complicaciones, pérdidas y ocasiones donde siente que la presión, la confusión y la tristeza la dominan, causando una serie de convulsiones emocionales, incluso un cero autocontrol de estas, que llegan a ser desastrosos como una tormenta arrasando con todo a su paso, volviendo el color resplandeciente a uno sin vida, pero de la misma manera existen los días espléndidos que esfuman los días oscuros y que a pesar de que todo está arruinado, seguir adelante hace que lo antes vivido solo se vuelva un pasado pasajero.

Olga Sinclair ha sido constante a cuando a la juventud se puede referir, preocupándose por ellos y por su indescriptible futuro a la hora de tomar su lugar en el mundo real donde convivimos.

“Los niños son el siguiente pasó de nuestra sociedad, de nuestra identidad y dignidad como seres humanos, no prestarles la suficiente atención o no invertir en ellos los valores necesarios es como arrojar a la humanidad al basurero”, reclamo ella con un aire de desaprobación porque los adultos no permiten que los jóvenes den a conocer su pensamientos y expresarse como es debido, lo cual termina haciendo que los niños repriman sus sentimientos y por consecuencia no sean uno mismo.

Y la fundación Olga Sinclair abre sus puertas en agosto del 2010, con el objetivo de hacer que la niñez pueda manifestar sus ideas a través de la pintura en todos los sentidos, se inculquen los valores y se se dejen llevar por su propia imaginación, criterio y creatividad.

La artista Olga Sinclair es un ser amable, apasionado, cariñoso y sobre todo un ejemplo a seguir. Despliega su conocimiento y su arte por todo el planeta con tal de que la gente obtenga un momento de reflexión, de autoconocimiento y de numen, algo bastante admirable. La marca que ha dejado, que deja y que dejará tanto en el universo artístico como el del ser humano, siempre será recordado y contado de boca en boca durante generaciones como “La gran imagen exponencial del arte contemporáneo y expresionista”.

 

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Comentarios

  1. Valerie, admiro y celebro el esfuerzo que has hecho para contar esta conversación con Olga Sinclair, tiene mucho, cuenta mucho. Me contenta que tienes muchos elementos con los que puedes construir un buen texto.
    Ahora bien, necesito que trabajemos en darle forma a lo que tienes. En lugar de tener sólo párrafos con citas de Olga Sinclair, es importante que tú te integres como narradora de esta historia. Es como si todo lo que dijo la señora Sinclair o lo que investigaste sobre ella es un barco y tú eres la capitana. Debes darle forma a todas las ideas, algunas las puedes mantener como citas textuales de la señora Sinclair y otras las cuentas tú al lector.
    Cuando digo que te integres como narradora lo puedes hacer en primera persona (cuentas tu conversación con Olga Sinclair, tú como la persona que se sentó a hablar con ella) o en tercera persona (cuentas la historia de Olga Sinclair sin que tú aparezcas alguna vez en el texto). En ambos casos es importante que incorpores pequeñas citas textuales de cosas que dijo, pero que sirvan para reforzar o ampliar la idea que has escrito. Por ejemplo, con el tema de las peras. Puedes contar tú cómo ella se interesó por pintar peras, y cerrar el párrafo con una cita como “Dejé todo mi trabajo y comencé a pintar peras hasta un punto donde no podía parar”, confesó Olga.
    Es necesario también que encuentres una manera poderosa de arrancar y cerrar tu texto. Tienes escenas muy buenas, que cautivan mucho (a mí me parece que la escena de las peras o la frase del papá de Olga son geniales para abrir).
    Espero tus cambios!