Un Futuro más Brillante para las Personas Olvidadizas

Un Futuro más Brillante para las Personas Olvidadizas

Berta Benarroyo Saco

bbenarroyo21@gmail.com

 

Después de muchos años de esfuerzo, mi prima, Sarah Fhima, ha logrado un gran acontecimiento junto a un grupo de investigadores. Este fue la realización de una serie de experimentos que podrían cambiar las difíciles circunstancias de la gente afectada por la enfermedad de alzhéimer alrededor del mundo. Este tratamiento se le conoce como la estimulación magnética transcraneal, y consiste en la aplicación repetitiva de un campo magnético de alta intensidad al cerebro del paciente. Aunque estos tratamientos solo habían sido utilizados en gente con autismo, recientemente se han estado probando en gente con trastornos neurocognitivos tales como el alzhéimer.

A mi familia esta enfermedad la ha afectado gravemente desde hace muchas generaciones, pues mi tatarabuela, bisabuela y abuela todas han padecido de ella. Esto causó que Sarah, quien es médico pediatra con diplomado en neurodesarrollo, se empezara a interesar más en los estudios de esta enfermedad, y ahora ayuda a mi abuela con tratamientos para calmar sus síntomas en el centro de terapia, Brain Tools Center.

Mi abuela se graduó de arquitectura en Bogotá, se casó con mi abuelo y se mudaron a Venezuela donde dieron a luz a dos niños y una niña, entre ellos mi papá. Muchos años más tarde nací yo, y todos nos mudamos a Panamá, donde mi abuela me empezó a cuidar todos los días mientras mis papás se iban al trabajo. Mi abuela nunca paró de trabajar, pero llegó un punto donde su memoria se empezó a deteriorar. La alegre persona que todos conocíamos había cambiado, las risas se convirtieron en llantos y su vocabulario comenzó a limitarse. Después de muchos años de estudios y de ir de doctor en doctor, descubrimos que había desarrollado el trastorno de Alzheimer. Mientras muchas preguntas se fueron respondiendo, nuestra preocupación aumentó, porque creíamos que ya no habría vuelta atrás. Pero la estimulación magnética transcraneal ha estimulado su cerebro de forma positiva, y poco a poco ha ido recuperando su conciencia.

Cuando mi prima nos recomendó el tratamiento estábamos completamente escépticos, además no teníamos dinero para solventarlo. Pero al entender nuestra situación, hicimos un trato; mi abuela participaría en un tratamiento relativamente nuevo y ayudaría con una serie de experimentos, y nos rebajarían el precio del procedimiento. Al final mis abuelos aceptaron entusiasmados, no sólo por el hecho de que habría un chance de que mi abuela mejorará, sino porque también estarían aportando a la medicina, y en un futuro, su participación en los experimentos podría ayudar a millones de personas afectadas por Alzheimer alrededor del mundo.

Este caso siento que sirve de inspiración para todas aquellas jóvenes que alguna vez han anhelado a ayudar a los demás. Nada es imposible, y si todos aportamos un granito de arena, juntos podemos crear la diferencia. Yo aspiro algún día poder otorgar mi ayuda a la ciencia como mi prima lo ha hecho, y espero que los estudios sobre los trastornos neurocognitivos avancen y mejoren, para no solo ayudar a las personas mayores en la actualidad sino también a las de futuras generaciones.

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