La Sabanilla de Paz

Los helicópteros apaches sobrevolaban las llamas y el caos causado por su “causa justa”, buscaban otro objetivo, otro lugar para expandir su terror, la pequeña Maby (mi mamá) había salido a casa de una amiga para pasar la noche, jamás se imaginó que iba a ser una noche tan terrorífica lejos de su madre, por otro lado Javier (mi abuelo) tomaba rápidamente el álbum familiar y otras cosas esenciales y salió pronto de la casa que luego sería cenizas, al mismo tiempo su altar al nazareno era consumido por el fuego. La señora Xiomara conocida por ser una mujer de templanza, corría desesperada haciendo caso omiso al fogaje voraz producido por los torreones de fuego de los caserones ardientes, los cadáveres tirados por la calle, los disparos y explosiones a la distancia no le importaban más que encontrar a su hija y ponerla a salvo. 

El puente de las Américas resultó ser una zona protegida y los sobrevivientes corrían a él para no ser atacados por los desmedidos soldados, Javier logró convencer a Xiomara después de tanto insistir en asegurarse ella y su recién nacida en el puente. En medio de la oscura noche iluminada sólo por la ciudad ardiente la gente del Chorrillo hacia grupos para abandonar el barrio de sus vidas, algunos dejando atrás familia con la esperanza de volver a verlos. En medio del camino un helicóptero armado se escucha cada vez más cerca, se escuchaba una voz en inglés de un gringo diciendo “surrender” y seguido a esas palabras una ráfaga de disparos que salpicaba piedras a los hombres, mujeres y niños que corrían despavoridos de él terror que los seguía, en medio de todo el miedo y desesperación la señora Xiomara alzó su brazo a lo más alto con una sabanilla blanca en señal de rendición, el helicóptero hizo un alto al fuego y una voz en español les dijo que ellos mismos los escoltaban a él puente.

En el puente se encontraba la gente desolada y quebrantada, el humo y las llamas eran la vista a la distancia, la gente llegaba de a grupos en intervalos y Xiomara espero toda la noche que en uno de esos grupos estuviese Maby, la noche se hizo eterna pero llegó la mañana del 21, la gente empezó a aproximarse a los escombros de la ciudad con el caos aún en el centro a buscar a sus familias, Maby pasó la noche en la iglesia de Fátima con refugiados, el encuentro fue emotivo, los siguientes meses fueron difíciles, muchos no se lograron reponer, muchos perdieron a sus familias, muchos no vivieron para contarlo, pero un grupo pequeño puede dar fe de que una sabanilla y un gran corazón les permitieron vivir para contar al mundo lo que pasó la noche del 20 de diciembre. 

Xiomara no sólo resaltaba por su templanza y valentía, también para los que la conocieron fue una mujer de familia, desmedida con su gente y muy humilde, Maby se quedó con lo mejor de su mamá, creció, me tuvo a mi y al escuchar estas historias maravillosas solo puedo decir, es un honor llevar su apellido. 

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