“LA VOZ DE LOS NEGROS, EL DÍA QUE TODO CAMBIÓ”

Soy un negro que fue maltratado, hijo y descendiente de negros colombianos. Mi madre y yo llegamos a Panamá en 1840 y mi historia inicia en 1845, con tan solo 15 años, mi nombre es Miguel.

A veces, de solo recordar el pasado, se me eriza la piel. A mi mente llegan recuerdos de los fríos y húmedos suelos en las cuales dormía. ¡Y, no!, yo no era el único. Hubo cientos de negros pasando por mi situación. Nosotros trabajábamos construyendo un ferrocarril (Historias perdidas del canal de Panamá, Marixa Lasso,2021).

Todo era horrible para mi gente, nos pagaban mal, nos enfermábamos y siempre recibíamos un mal trato por parte de los ¨capitanes¨.

Antes de dormir, todas esas frías noches me preguntaba: ¿cuándo llegará el día que se escuche mi voz y la de mi gente?, Muchas veces pensé que nunca, pero un día unos compañeros cantaban y bailaban entre los escombros que teníamos que recoger, me dije a mi mismo:

— Hay que demostrar la felicidad que sientes en el momento, ¡así es mi gente!

Vi a muchos caer enfermos y morir, nunca había algún tipo de ayuda para nosotros, nos trataban de la peor forma ¿Cómo seremos escuchados? ¿Cuándo seremos tomados en cuenta?

Ese día me atreví a gritar a los capitanes, y dije en con voz alta:

– ¿Dónde está la libertad para el negro Miguel?

– ¿Dónde hay pan en la mesa de Miguel?

– ¿Dónde están los contratos y el buen pago para los negros?

Mi capitán (el supervisor de la obra) me hizo una mirada con ojos de águila, pero yo no tenía miedo de hablar y pregunté a los demás:

– ¿Dónde está la libertad para el negro Miguel?

– ¿Dónde hay pan en la mesa de Miguel?

– ¿Dónde están los contratos y el buen pago para los negros?

Y con sus fuertes voces gritaron:

  • ¡NO TIENE!
  • ¡NO HAY!
  • ¡NO TENEMOS!

Con su avergonzado rostro el capitán desvió la mirada, y yo pregunté ¿Acaso no escucha usted capitán la voz de este negro? ¡Si la escucho! dijo el capitán, yo no puedo hacer nada más que ponerlos a trabajar. Así todos siguieron trabajando, pero eso no podía ser todo.

¿Qué puedo hacer Dios para mejorar esta situación? Con la llegada de muchos Norte Americanos en 1846 y los cambios en las leyes, una rebelión fue un gran impacto en esos momentos (La Historia de Randolf Runnels y el Ferrocarril de Panamá,  Way Back Machine,2020).

Y así empezó mi ilusión de convertir a mi gente en personas libres de todo tipo de maltrato, ya no éramos sirvientes de ningún humano.

Me levanté en esos escombros y volví a gritar una vez más, y con lágrimas en los ojos y una voz ronca dije: ¡ya basta de ser tratados como inferiores, como bestias, como sirvientes, como esclavos!

¿Quién se une para ser libre?, hubo un pleno silencio, pero uno de los míos gritó:

– ¡Yo no soy inferior, yo si me rebelo hoy!

Y caminando hacia la muerte segura, pero victoria de muchos, los negros se rebelaron.

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