Una mujer que transformó el “no puedo” en una nueva oportunidad de vida

 

Por Victoria Rosales

Howard Academy

 

Al pensar en mujeres inspiradoras de mi país, vienen a mi memoria mujeres valientes que nos han dejado un legado de valores y de perseverancia, figuras como Amelia Denis de Icaza, María Ossa de Amador o la Dra. Rosa María Britton, todas ellas han abierto el camino para el desarrollo integral de más y más mujeres a lo largo de nuestra historia.

 

Podría dedicar esta crónica a alguna de estas mujeres talentosas, sin embargo, es mi deseo escribir sobre una mujer que ha sido un gran ejemplo para mi, mi mamá.  Ella es una fuente de inspiración en mi vida, su tenacidad, resiliencia y su fé inquebrantable la han convertido en una mujer fuerte, valiente y con un alto sentido de sensibilidad frente a las adversidades de los demás.

 

Mi madre nació y creció en la ciudad de Panamá, su niñez estuvo fuertemente influenciada por sus padres y abuelos, quienes le inculcaron el respeto a los demás, amor al trabajo y alto sentido de responsabilidad. 

 

Con la obtención de un préstamo educativo, mi madre culminó sus estudios de licenciatura en Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad Católica Santa María la Antigua, alcanzando el promedio más alto de su promoción. Tras el divorcio de sus padres tuvo que experimentar algunas carencias económicas que la enseñaron a valorar más las cosas. 

  

Al poco tiempo de iniciar labores en una prestigiosa firma de abogados, mi madre fue diagnosticada con Artritis Reumatoide, una enfermedad autoinmune que afecta primordialmente las articulaciones.  Desde entonces han pasado 18 años y mi madre continúa luchando incansablemente, aunque las secuelas de la enfermedad se hacen visibles en sus extremidades, ella no ha perdido su tenacidad y amor por la vida, pero por sobre todas las cosas no ha perdido la fé, su lema de vida es “no se trata de poder hacer sino de querer hacer”.   A pesar de su limitación física mi madre logra de una manera sorprendente realizar todas las tareas del hogar, además conduce su auto, escribe y ejerce su profesión a pesar de la dificultad que tiene para sus manos es admirable ver su capacidad de realizar todo lo que se propone.

 

Día tras día me siento sumamente orgullosa de ella, ya que pese a las adversidades que ha tenido que afrontar siempre ha seguido adelante.  Una mañana al verla coser la basta de uno de mis pantalones le pregunté: “mamá que es lo más difícil que te ha tocado enfrentar con la enfermedad? Ella sonrió y me respondió “hija hoy puedo decir con certeza que he aprendido muchas cosas con esta enfermedad, desde aprender a escribir de nuevo, a utilizar el teclado de una forma diferente e inclusive a coser con la mano izquierda, sin embargo, lo más difícil que he tenido que enfrentar han sido los prejuicios sociales ya que muchos subestiman el talento y aptitudes de una persona con discapacidad, esto es lo que me impulsa a cada día demostrarme a mí misma y al resto del mundo que “Sí Puedo”. 

¡Comparte esta Crónica en las Redes!

Comentarios