Los encantos de Casco Viejo

Una ciudad convertida en un destino soñado y deseado por muchos individuos, un escondite especial para muchos extranjeros que vienen a gozar de las atracciones que brinda. La cultura de los panameños en un solo sitio a tus pies: “el Casco Viejo”, donde escapas de la rutina diaria. Cada rincón y calle que recorres tiene su propia historia, sentimiento y esencia propia, que al final le da un encanto especial a esta zona llena de misticismo.

Fue un viaje de solo 30 minutos para llegar a la ciudad histórica de Panamá llena de vistas hermosas. En mis ojos como una extranjera era un gran cambio de un clima frío y días nublados. A llegar a mi destino desde la vista de la ventana de un auto, ya me consumía con su arquitectura simple que transmitía un sentimiento de estar en casa. Esta arquitectura colonial le da una calurosa bienvenida a visitantes con colores llamativos que le dan vida a los edificios y apartamentos hechos de jirones y los rascacielos modernos que bordean el horizonte de Panamá. Paredes y balcones escondiéndose detrás de exuberante vegetación y enredaderas rastreras, estas maravillas son un pequeño recuerdo para visitantes de lo que solía ser la ciudad de Panamá.

El punto de partida de mi recorrido fue en una de las calles principales que está repleta de restaurantes, boutiques modernas, puestos con molas y joyas hechas por indígenas, turistas, y autos. En el aire se podía apreciar un aroma “antiguo”, y en todas partes había una historia por contar. Sigo por mi camino mientras me fijo en las calles angostas, y esquinas, se escuchaban en el fondo conversaciones de individuos hablando en diferentes idiomas. Algo que cautivó mi atención mientras caminaba las calles fueron las paredes llenas de grafitis coloridos de diferentes artistas, ilustrando imágenes de animales tropicales o frases. Luego de una larga caminata ya era necesario almorzar, así que una de mis principales paradas fue en un restaurante dosificado que ofrecía una variedad de comidas con un toque panameño.

Reanimada y satisfecha retomé mi recorrido con próximo destino que fue la Parroquia de San Felipe de Neri con una fachada sobresaliente en su exterior e interior. Una de sus características que la hace tan excepcional y divina es que al atravesar una entrada lo primero que llama nuestra atención es un inmenso nacimiento que consta de más de 3 mil piezas que la familia Sandoval Adames, y posteriormente la familia Varela Sandoval, habían adquirido a lo largo de los años. En un momento dado la familia se puso de acuerdo en poner el nacimiento en exposición durante todo el año en el Oratorio de San Felipe Neri, para el agrado de todos.

El último sitio por visitar fue el convento de San Domingo; lo primero que notas es una pared verdaderamente hermosa que se encuentra a lo largo de una de las encantadoras calles del Casco Viejo, brotando algunas malezas de la parte superior desigual de su ladrillo, se podría decir que es la fachada sobreviviente del convento colonial de Santo Domingo.  La iglesia y el monasterio del Sigo XVII fueron quemados dos veces y no reconstruidos después de 1756, por lo que poco se conservó a través de los siglos, excepto el frente del edificio y un arco dentro de él. Fue un gran privilegio poder observar cómo un simple arco delicado tomo parte en la historia y evolución de un país.

Aquí fue donde terminé mi primer recorrido del Casco Viejo. Quedaron muchos sitios más por descubrir, pero me llevo un grato recuerdo y sentimiento de poder conocer , un pedacito de la nostalgia del Panamá de ayer, que recobra vida en estas callejuelas, tan agradables para caminar, para transportarnos en el tiempo por la cultura, gastronomía y tradiciones panameñas

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