Lo Que Inspiró

Lo Que Inspiró

Por: Solani Iglesias

Desde mi temprana edad me llamó la atención los edificios grandes y las obras arquitectónicas exóticas; por eso, mi lugar favorito es la ciudad capital, en la que destacan las grandes infraestructuras que resultan ser una fuente de inspiración para mis dibujos.

En una visita a la ciudad de Panamá disfruté ver las impresionantes obras como la  F&F Tower y el Puente de las Américas, de donde se puede apreciar a la distancia el Biomuseo, en aquel entonces llevaba poco tiempo de estar abierto al público,  un edificio colorido e innovador  diseñado por Frank Gehry, está inspirado en los árboles de la selva, desde arriba se pueden ver diferentes colores de tonos vivos, pero por dentro todo es más oscuro y durante algunas horas del día se pueden ver rayos de luz entre el techo, haciendo referencia a un bosque.

Cerca de la residencia donde vivo, en La Chorrera, había un pequeño terreno sin habitar. Recuerdo llamarle “minibosque” porque albergaba monos perezosos, armadillos, reptiles pequeños y una gran variedad de insectos, así como perros y gatos callejeros que utilizaban el lugar como refugio y hogar.

En el 2015, todo desapareció por el proceso de construcción del centro comercial Anclas, el primero del distrito. Éste era simplemente hermoso una edificación impresionante; no pasó mucho tiempo para que se llenara de locales, en un abrir y cerrar de ojos, ya era el más concurrido. Y solo a unos cuantos pasos de mi casa.

La primera vez que entré quedé impresionada, había unos árboles artificiales de grandes dimensiones en medio del área de comida; también una pista de patinaje, y años después, una piscina y una cancha sintética en la azotea, entre muchas otras atracciones de entretenimiento. El interior del centro comercial fue inspirado en un arrecife, fauna marina, en fin, todo un ecosistema acuático. En la parte de arriba hay un barco con un ancla colgante que cae desde la azotea hacia fuera del edificio y tiene varias referencias al caribe, todo relacionado con su nombre.

Lo cierto es que cada vez que iba todo llenaba mis expectativas; sin embargo, una pregunta insistente comenzó a atormentarme: Aunque Anclas me daba euforia por su vistosidad, adoro ir con mis amigos para pasarla fenomenal, pero en el fondo sé que el precio fue caro, ya que mi conciencia se pregunta: ¿qué había pasado con aquella fauna y flora del lugar?

Era como si despertara de un sueño, la magia se apagó cuando recordé como los animales huían de las palas, los machetes, las retroexcavadoras y los camiones. Entonces, ¿Qué les pasó? era lo único que planteaba mientras disfrutaba de las comodidades de aquel centro comercial. Eso me hizo reflexionar sobre cuántos otros animales escapaban cuando “El tornillo” fue construido o cuántos insectos fueron aplastados mientras llegaban las maquinarias para construir El Biomuseo.

Hoy en día esas preguntas me siguen atormentando, pero me gusta pensar que todos esos animales que salieron corriendo asustados fueron llevados a un nuevo hogar.

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