Un mito siempre será un mito

El sol aún no salía, era tan temprano que aún sentía el frío acogedor de la noche, cuando oí la voz de mi tía diciéndome que despertara, que ya era hora. Yo, aún con los ojos pesados, me senté en la cama, pasaron unos segundos hasta que me di cuenta que ese era el día en el que emprendería mi tan esperado viaje, iría por primera vez a la provincia de Los Santos. Entusiasmada, arreglé mis cosas y me di una ducha helada, todo fue tan rápido que casi olvido desayunar. Sería un viaje un poco largo, pasaríamos por lo menos 4 horas en el camino antes de llegar a mi destino, el cual era un salto hermoso, con una cascada pequeña y abundante vegetación según me contaban, pero en mi mente no importaba el tiempo, esto era toda una aventura para mí.

Ya en el carro, mientras miraba por la ventana, escuché a mi familia decir algo interesante; hablaban de cómo en aquel salto, una mujer se había tirado ya hace muchos años y se decía que su espíritu todavía era visible justo antes de saltar, las personas que vivían cerca de aquel salto contaban cómo la mujer, llena de tristeza, se tiró luego de descubrir que su amado se había enamorado de otra mujer. Me emocioné al instante, pensar que podría llegar a ver un fantasma era increíble, la idea de ver a esa mujer justo antes de saltar no era tenebrosa para mí, al contrario, estaba maravillada por aquella historia tan fantástica, tanto que el viaje se me hizo mucho más largo.

Después de un tiempo, llegamos a hotel donde nos hospedaríamos y dejamos nuestro equipaje para viajar más ligeramente, aunque yo, un poco desanimada por no haber llegado inmediatamente al salto, miré por todas partes con curiosidad y deduje que no era tan malo hacer una parada ahí, ese lugar me recordaba a las típicas casas de abuelos, olía extraño, pero no desagradable, era más bien un olor a tienda de artesanías y sombreros, algo muy agradable para mí. Cuando terminamos, corrí hacia el auto y entré, quedando justo en la ventana para observar el paisaje, la actividad perfecta para que el tiempo pasara más rápido y llegar a mi destino.

Pasaron algunos minutos hasta que el carro al fin paró, pero al salir me di cuenta de que no habíamos llegado del todo, tendríamos que caminar entre lo que percibía como un bosque en una gran montaña, era algo nuevo para mí tener que caminar por un sendero tan frondoso como ese, así que agarré fuertemente la mano de mi tía y caminé con cuidado y cautela por aquel camino, tan lodoso que se sentía como si me fuera a tragar, todo estaba rodeado de árboles inmensos como gigantes, que me veían pasar silenciosamente mientras susurraban entre sí, se sentía como una aventura de película, donde era yo la protagonista.

Por el camino me encontré con varios animales, iguanas verdes que casi no se veían, aves hermosas y pequeños insectos coloridos, le di más importancia a las mariposas rojas y negras, creía que por sus llamativos colores eran venenosas y traté de no acercarme a ellas. Ya estaba cansada, pero justo cuando miré hacia adelante estaba ahí, una pequeña cascada y un río, era el salto del que hablaba mi familia. Miré rápidamente a la parte de arriba del salto donde iba estar la mujer justo antes de saltar…, pero no vi nada, no había nada, estaba tan confundida, ¿acaso ese no era el salto del que hablaba mi familia?¿donde estaba lo que tanto quería ver?, me puse observar nuevamente los árboles y la vegetación, perdiendo mi mirada en el lugar donde debía estar la mujer, hasta que decidí preguntarle a mi tía ¿donde estaba aquella mujer, la que debería estar a punto de tirarse? Ella me dijo, entre risas, que eso era “tan solo un mito” y seguimos caminando. “Tan solo un mito”… esas palabras estuvieron en mi cabeza hasta el final del viaje, y aunque no entendiera del todo a que se refería con esa frase, terminé conformándome con la vaga idea de que “un mito siempre será un mito”.

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