Una bocanada de aire fresco en medio del Covid-19

Me di cuenta que el encierro por la pandemia había acabado el día que finalmente me senté a
la mesa con alguien que no fuera yo misma. 

Después de un año y medio, mis amigos Diego y María José, sus padres y hermanos, mi abuelo, mis papás y mi hermana nos sentamos a comer y compartir un tiempo juntos. Era una sensación que ya había olvidado, y me hacía sentir bien y en paz.

No veía a mis amigos en persona desde marzo del 2020, cuando el gobierno cerró las escuelas
al aparecer los primeros casos de Covid-19 en Panamá. Ninguno se sentía contento en el
encierro, vernos por una pantalla no estaba siendo suficiente. Eso sin contar el estrés de acostumbrarse a la nueva forma de dar clases, el uso de las plataformas y las recientes metodologías de evaluación. ¡Fue todo un reto!

A finales de 2021, cuando todo se calmó, decidimos ir a la Finca Agroturística Caballo Viejo, ubicada en La Pintada. La felicidad de salir de casa y divertirme con personas especiales para mí era indescriptible. Al llegar, nos sentamos a desayunar juntos en una mesa redonda y a disfrutar de los amplios paisajes y los frescos vientos. Era extraño y completamente diferente a cuando estaba encerrada en casa, sin poder respirar aire puro.

En la tarde, jugamos con Lolita, una mona tití de vientre blanco y cola negra con marrón, y vimos a Sebastián, un puerco vietnamita de cuerpo robusto y hocico corto, que le gusta interactuar con los visitantes. Amo a mis perros Lulu y Charlie, pero hacía mucho que no veía a otros animales que no fueran ellos, y estuvo bien. 

La tarde se hizo corta para todas las cosas que queríamos hacer: jugar tenis de mesa, visitar el río
y montar a caballo. Al caer el sol, subimos al mirador, a más de veinte metros de altura. Llegamos exhaustos, pero el placer de ver el paisaje en la punta de aquella montaña valió la pena. Al menos esa tarde nos sentíamos de regreso a la tan anhelada normalidad.

Al caer la noche, encendimos una fogata y apreciamos el cielo estrellado. Lejos de las luces de
la ciudad, esto era un verdadero espectáculo. Antes de irme a dormir, pasó algo único: vi una estrella fugaz y pedí un deseo: que este fantástico viaje, que me hizo recordar cómo era el mundo antes de la pandemia, se pudiera repetir.

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