En el cumpleaños del águila harpía

Domingo 10 de abril, cuatro de la tarde. Finalmente iría a mi encuentro con una de las aves más majestuosas que existen: el águila Harpía. 

Para verlo, mis papás, mi hermana más pequeña y yo hicimos un viaje de varios largos kilómetros hasta el parque Summit, una reserva en medio de dos bosques naturales cerca de la ciudad. Nos recibieron con palomitas de maíz, saltarines inflables y juegos divertidos. Había mucha gente y canales de televisión. Justamente, el águila que tanto deseaba ver estaba de fiesta. 

Al caminar entre la vegetación, pudimos apreciar animales que forman parte del zoológico que funciona en el parque: un león, los venados, monos y varios tipos de aves (entre ellos el guacamayo). 

Y en el fondo, en un lugar especial, el águila Harpía. Hermosa, gigante, de casi un metro. 

En uno de esos momentos de caminata nos encontramos una manada de lobos. No pasó nada, solo el susto. Al parecer, estaban domesticados.

Pese a ese pequeño sobresalto, fue un día maravilloso. Compartí con mi familia y celebramos al ave que, desde hace veinte años, producto de la Ley 18 de 10 abril de 2002 se convirtió en el ave nacional de Panamá. Esa misma ave anida en árboles realmente grandes como el cupido, el frijolillo o la ceiba. 

Aquel día el parque Summit estaba más lleno que otras ocasiones que lo he visitado. A mí me gustaba mucho ir a ese lugar para pasear en medio de la naturaleza, jugar en el área de los columpios, deslizarme por el césped o admirar a los animales y plantas que allí se exhiben; también, comer burundangas y comida rápida.

Sin embargo, en la fiesta del Harpía entendí que es mucho más que eso. La antigua Compañía del Canal de Panamá creó el parque hace casi cien años como una granja experimental para probar la adaptación de especies de plantas de diferentes partes del mundo al clima tropical de Panamá.

Hoy, el Summit es un jardín botánico y zoológico de 250 hectáreas que sirve como santuario para el ave nacional, a la que no dejaba de admirar por su gran pico hacia abajo y su plumaje grisáceo.

Ya estaba cayendo la noche y con ella la hora de despedirnos del recinto, pero como la gente no quería irse hubo que sonar las bocinas: ¡Llegó la hora del cierre!

Y como todos los 10 de abril es el cumpleaños del águila Harpía, esperaremos el del 2023 para volver a celebrar.

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