El pan de La Arena

Saharat Chavarro

Instituto Episcopal San Cristóbal

Hablar de La Arena de Chitré es hablar de las cocaditas de miel y coco, los merengues, los queques, los huevitos de leche y los cachetes de chola. Estos bocadillos son mis favoritos porque me traen lindos recuerdos de mi infancia, cuando mi madre, cada vez que pasaba por ese lugar, me los traía en abundancia. Pero, sobre todas las cosas, no se puede hablar de La Arena sin hablar del pan de La Arena.

Esta delicia de pan sobresale por su sabor artesanal, su forma curvada, su leve tono amarillento y ese olor que arrebata las entrañas. Su textura lo hace un excelente bocado que se puede acompañar con cualquier tipo de bebida. Está hecho a mano por personas que lo preparan con cariño, y es que se percibe esa sensación al comerlo. Pero, ¿qué tanto se sabe de la historia detrás de este sencillo panecillo?

Recuerdo que mis profesores anunciaron un paseo a La Arena. Si el solo hecho de ir de excursión me emocionaba, saber que iría a la cuna de este famoso pan, me ponía ansioso.

Preparándome para la excursión me pidieron enfocarme en 1948 y encontré que ocurrieron sucesos importantes para Panamá: Lloyd Barrington La Beach, primer panameño que ganó dos medallas de bronce en los Juegos Olímpicos de Londres, en los 100 y 200 metros planos. Domingo Díaz gana la presidencia de Panamá sobre bases fraudulentas contra Arnulfo Arias. Se inicia la construcción de la Ciudad Universitaria en un sector llamado Urbanización El Cangrejo. Nace Rubén Blades. Los norteamericanos desmantelan todas las bases, excepto las de la Zona del Canal después del rechazo popular de los convenios Filos-Hines. Se inicia el desplome económico en el país relacionado con la salida de las bases militares y la crisis mundial de la postguerra. En este último escenario los pueblos del interior vivían bajo una difícil economía y La Arena, un pueblo del distrito de Chitré, provincia de Herrera, no era la excepción. Allí, Eudocia Ávila y Heleodoro Santana, vivían con sus hijos en una pequeña casita con paredes de adobe. Me contaron que una noche Eudocia soñó la receta del pan y, con el tiempo, aquella sencilla casa se convirtió en una panadería que mejoró la situación de la familia.

Durante el viaje visité diferentes lugares históricos y culturales. Y finalmente, en uno de estas paradas, por fin, un sitio donde pude conseguir este panecillo. Compré suficiente para llevarle a mi madre y comerme unos cuantos para sentir esa mezcla de sabores única.

Se me ocurrió pensar que la receta de doña Eudocia sería el secreto mejor guardado de todo el país. Pues, a pesar de venderse en cadenas de supermercados y en locales y tiendas de barrio ninguno sabe igual al original. A todas estas versiones algo les falta. Nunca se pueden comparar con la sensación de un pan, humeante y calientito que se deshace en la boca, de aquel típico olor que evoca a doña Eudocia atizando la leña de un horno, mientras la brisa riega sobre el campo la fragancia de un pan que se cuece con amor.

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