El Teatro Nacional de Panamá

 

Era majestuoso. Mi capacidad de expresarse fue nula al ver como semejantes puertas se abrieron ante mis ojos dejando a la vista un monumental escenario que yace oculto detrás de un telón carmesí aterciopelado. El exorbitante candelabro que guinda del tejado iluminó en segundos todo el teatro, dejando a simple vista una hermosa pintura que adornaba el fondo del techo, sin duda alguna, una obra de arte. Había escuchado claramente los rumores sobre el aclamado arquitecto encargado del teatro, Genaro Ruggieri, debo admitir que su trabajo es digno de ser llamado el mejor de la época. Sinceramente era un lugar que desprendía de un aura magistralmente fantasiosa, cualquiera que se sentara en alguna de las butacas podría admitir que sería un honor presenciar el acto de la noche, acto en el que mi persona se ve involucrada. Esta noche, el primero de octubre de 1908, después de arduo trabajo de parte de todos los ingenieros, diseñadores y arquitectos trabajando en el teatro, será abierto representando al arte panameño ante extranjeros de la alta sociedad, un sueño hecho realidad ¿no creen?. 

 

Mi ansiedad y emoción me pedían a gritos que corriera hacia el escenario e iniciara mi práctica pero lamentablemente tanto mis compañeros como representantes me detuvieron de mi pequeña fantasia –“Agradeceria si pudiera esperar un rato mas señorita, faltan 5 horas para que caiga la oscuridad y aquellos telones sean abiertos. Mientras tanto procure quedarse en su sitio” -mencionó uno de mi equipo mientras me sostenía de los hombros al notar el brillo en mis orbes marrones, y es que mi emoción me estaba comiendo viva. Respire hondo y exhalé todo el aire acumulado, si en serio quería dar una presentación digna de ser memorable entonces primero, debo mantener los estribos. -“Llévame tras bambalinas y al salón de prácticas y por favor cuéntame un poco más sobre esto… lugar”- manteniéndome relajada emprendí mi viaje mientras observaba el teatro y vaya que era gigantesco. Pues grande fue mi sorpresa al caer en cuenta de la historia, anteriormente utilizado como un convento de monjas en 1673 y después utilizado como cuartel militar. Demolido y como si se tratara de un ave Fénix, renaciendo de sus “cenizas” se convirtió en lo que ahora todo el mundo es testigo, El Teatro Nacional de la República Panameña. El aclamado arquitecto no colaboró solo en esta gran hazaña, el consorcio de Ramón Arias F. y José Gabriel Duque, quienes obtuvieron su rol como contratistas junto Florencio Harmodio Arosemena como uno de los ingenieros principales de la obra, una sublime corte para un aclamado juzgado. 

 

La noche estrellada de Panamá, por primera vez en años fue opacada gracias al gran evento que se estaba llevando a cabo dentro del Teatro nacional, personas a nivel mundial anunciaron con emoción y carisma su presencia en el lugar, los 853 disponibles fueron todos ocupados por estos mismos, sería una noche inolvidable para la sociedad panameña, una noche de orgullo, talento y sacrificio, una preciosidad. Las luces se centraron inmediatamente en el escenario, un silencio reino en aquella gran bóveda de teatro, mis pelos estaban de punta, y una corriente eléctrica se extendió en toda mi espina dorsal, estaba a segundos de participar en a hazaña de la historia de la cultura y arte panameña, sin duda, mis pies están pisando el Santuario de una Leyenda.

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