La fuerza de la perseverancia de Helena, la indigente

“No esperes a que la solución llegue a ti, búscala”

Helena a quien todos llamaban “Chiquita” era un vivo ejemplo de las malas decisiones, de cómo incluso, tus más cercanos pueden llevarte por el camino incorrecto. Helena era un ser errante, Helena no tenía salvación.

Conociendo tus defectos

El primer día que la vi no fue una experiencia agradable, el sol brillaba tanto que me costaba ver lo que ante mí sucedía. Recostado en la pared del edificio había un oficial bien parecido, bajito, con barbas largas que miraba fijamente a Helena quién murmuraba palabras sin sentido, mientras recogía latas. Pensé, “la saludo”, pero …no se ve en buen estado”. aun así, pasé por su lado y le di los buenos días. Fue tanto mi asombro porque esta me hizo casi caer del susto cuando empezó a gritar “¡YO NO SOY UNA INDIGENTE!”. Ese día comprendí que Helena no estaba en sus cinco sentidos, ni ese día, ni los próximos años.

Una hermosa fantasía de una madre.

Con una gran sonrisa en el rostro y los brazos abiertos, nuevamente, le diste la bienvenida a tu hija y a tu pequeño nieto. Dos de la tarde y el sol brillaba, pero nada como tu sonrisa contagiosa y aquella risa estruendosa, cada vez escuchabas alguna anécdota de tu nieto. Helena se veía feliz, era una hermosa fantasía del que no querías salir, eso lo sé.

El final de la hermosa fantasía. Vuelta a la realidad.

Aquel 28 de octubre, fue un día oscuro, sin una despedida ni una carta, ni siquiera una nota te fuiste dejando un alma desconsolada.

Fue una casualidad cuando pasé por tu departamento. En mis años de vida, mis ojos nunca habían visto una escena tan aterradora. Me partió el alma al ver cómo entre llantos decías “Bleika, Bleika, hija ¿Por qué?”. En ese momento, comprendí el porqué de tus lágrimas y la razón por la cual estabas sufriendo tirada sufriendo en aquel suelo indiferente. Otra vez la dulce Helena es abandonada, arrojada en un abismo de emociones. ¡la dulce Helena, volvió a sus viejas andanzas!

A pesar de todo, tú…

Fuiste y eres una mujer fuerte, quedé sorprendida cuando con una sonrisa en estado de ansiedad afrontaste tu problema sin desmayar y con perseverancia. Nunca pensé que después de esa recaída te mantuvieras erguida, demostrándole a la vida que de la dulce Helena todavía hay más.

¡Eres tú y nadie más, la dueña de tu vida!

Me pregunto, si es casualidad del destino siempre toparme contigo, otra vez te encuentro sentada en la escalera contemplando el cielo que poco a poco dejó caer diminutas gotas de agua. Helena sonreía como si hubiera encontrado el tesoro más preciado. Caminé cerca de donde estaba y, por primera vez, recibí un trato amable de su parte “Buenas tardes” me dijo sonriendo, no esperó a que yo la saludara.

Ese día, sentí que algo maravilloso te había ocurrido por la forma en que tus ojos miraban la lluvia, te levantaste y con una sonrisa voluntaria te dirigiste hacía tu departamento. Era el surgimiento de algo nuevo, fue el día en que decidiste tomar el timón de tu vida.

… Después de aquel día, todo cambió. Helena se sentía feliz, cada día lo reflejaba en su rostro y, con el pasar del tiempo, le dieron una oportunidad, consiguió un trabajo. Ella, ya no salía de su casa y cuando lo hacía era por su trabajo. Helena demostró que a pesar de esa conducta que se escapaba de su control, se mantuvo en pie y se superó a sí misma. Ya no es Helena, la indigente como todos la llamaban, ahora es Helena la gran mujer y la buena vecina que se solo se preocupa por llevar el pan a casa.

Eres una mujer valiosa que lograste inspirar a una joven a escribir sobre ti, que da a conocer la historia porque a pesar de las circunstancias de la vida lograste superarlos.

Helena luchó contra su adicción, por tener una mejor vida, creyó en ella y, así, logró no caer en el abismo, Helena es una mujer que inspira.

 

 

 

 

 

 

 

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