Visita al Museo Afroantillano y Museo del Canal Interoceánico de Panamá

Cada 18 de mayo se celebra el Día Internacional de los Museos, después de dos años de encierro por el COVID-19, tengo la oportunidad de salir a recrearme.

Con el propósito de recoger información para escribir una crónica cultural para el proyecto 500 Historias, la profesora Dalys Ramírez informó que los estudiantes que formamos parte del Círculo de Lectura y Escritura visitaríamos el Museo Afroantillano y el Museo del Canal Interoceánico, lo que me pareció interesante, por primera vez iba a conocer un museo.

A las 8:00 a.m. llegó el transporte de la Junta Comunal de Tocumen, me sentí feliz al verlo porque llegué a pensar que no llegaría, ya que lo esperaba desde las 7:00 a.m. Al fin se me iba a cumplir un deseo: conocer más sobre nuestra historia en un museo y salir a otro lugar que no fuera mi casa o la escuela.

Subí al bus al igual que mis compañeros y partimos rumbo al Museo Afroantillano, ubicado en el corregimiento de Calidonia. Cuando entramos al lugar nos esperaba una guía que nos dio información sobre la construcción del edificio de madera que, a pesar de haber sido inaugurado en 1910, se mantiene bien conservado.  Consta de una sola habitación elevada del suelo sobre pilotes, con un techo de dos aguas. Fue construido por creyentes voluntarios de la Misión Cristiana, procedentes de Barbados y según datos históricos la Compañía del Ferrocarril los apoyó para que lograran el solar en el barrio El Marañón.

Durante el recorrido, me llamó la atención en este museo: una cama con una sobrecama muy diferente a las que había visto, debido a que está elaborada con círculos de tela de varios colores hechos a mano y estos círculos se unen hasta dar el tamaño para cubrir la cama, también una lámpara de gasolina, un reloj de madera, así como un vagón de carga que usaron los trabajadores del ferrocarril, una máquina de coser, una peinilla de metal para planchar el pelo de las damas, entre otros.

Todavía recuerdo que días antes de la visita al museo deseaba que llegara el 18 de mayo, pero no para divertirme, sino porque quería conocer más sobre nuestros abuelos ¿cómo eran sus días? Salí del lugar con un sentimiento nuevo, había visto objetos antiguos que no tenía ni idea de que existían, solo reconocí una máquina de escribir con el teclado parecido a una que vi en casa de mi tía.

Nuevamente subimos al transporte, pero ahora el destino era el Museo del Canal Interoceánico; en cinco minutos llegamos, puesto que está en el Casco Antiguo en el corregimiento de San Felipe. Ahora tengo más curiosidad de saber qué voy a ver en las 11 salas en las que está dividida.

Un museo es como una máquina del tiempo, cada vez que entras no quieres salir, porque sientes ansias de saber más y más. Es genial y ojalá nunca se cierren los museos porque si se cierran los niños y adolescentes como yo, no conocerán objetos que forman parte de nuestra historia

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